Bueno, no es que haya recibido demasiadas visitas, pero creo que con estas palabras se cierra una etapa de mi vida virtual. Siempre recordaré con una mezcla de tristeza y gratitud los ratos que comparti en los blogs, tanto en estos como en los de space msn. No solo me permitieron exportar las humildes palabras que tanto me gusta escribir, y de algun modo darme a conocer entre los que les gustaba leerlas, sino hacer mis pinitos en el lenguaje informático. El caso es que me voy, puede que para siempre (Lo mas seguro) o simplemente durante un largo tiempo, pero entro en una etapa en la que tengo varios proyectos en cabeza y una carrera que terminar.
A parte de esto, creo que las horas que pasé corriendo detras de las teclas para decir cosas con las palabras que surjían se ha terminado. Todo acaba, cada cosa en la vida tiene un momento determinado y el mio ya pasó. Quiero agradecer a todos los que me han leido y decirles que me han impulsdo a seguir trabajando en esto del arte de las palabras. Algo que me encanta.... Pues nada. Adios a Todos y hasta siempre.
El sol brillaba, dicen algunas versiones, implacable en el cielo. Un cielo que era todo suyo, ni una nube, ni un solo signo de mal tiempo, o sea, uno de esos días radiantes en los que crees que nada malo te puede pasar. Realmente no tiene mayor importancia, pero es un dato que queda muy bucólico... El caso es que era un día de esos en los que te parece una buena idea hacer alguna chapucilla en la casa del campo (yo me pregunto por que no se tomarán esos días para tomar el sol, ir a la playa, leer un libro o, simplemente, no hacer nada...). Esta historia trata de lo que no se debe hacer uno de esos días en los que te levantas con ganas de trabajar en la casa del campo.
Era un día radiante, como dije antes, y se levantó con la idea de irse a su pueblo (algunos creen que la metrópolis suburbana de Valles de Ortega debería configurarse como la nueva capital del siglo XXI, y creo que hay proyectos de profundizar cierto barranco para que tenga salida al mar. No es descabellado, pero...) con el muchacho que les ayuda a hacer las chapucillas (mejor preservar ciertos anonimatos, así que le llamaremos Paco) para poder adelantar alguna de las cientos de obras que se suelen proyectar para una casa. Algunas se hacen y otras quedan encasilladas entre frases como: - voy a ver si reúno alguna perrilla. - No, mejor mas adelante, cuando me saque la lotería, los ciegos, o todos esos juegos diseñados para que casi siempre gane el estado. El caso, es que, después de casi 4 meses sin parar de llover y cuando nos empiezan a salir berros detrás de las orejas, una semana luminosa nos lanza eufóricos a realizar locuras tipo bricomanía.
Para ser justos no vamos a especificar que trabajo de campo se hizo para no admitir que realmente no tengo ni idea, pero les intentaré poner en situación. Dibujemos la escena:
Te bajas del coche en ese campo neogótico de Valles de Ortega, aspiras hondo, te rascas la nariz porque algún bicho fue aspirado por las fosas nasales sedientas de oxigeno, y te encuentras con un día en el que los pájaros ven hermoso revolotear por encima de tu cabeza en ágiles coreografías de belleza insólita que te obligan a estar mirando cada dos por tres hacia arriba, si, si, mirar en periodos de 10 segundos porque cada vez que te despistas alguno de esos rechoncho pajarillos tan monos evacuan sus licuados excrementos sobre las partes de tu cuerpo mas difíciles y humillantes; la cabeza, un cachete cerca del labio, la camisa, etc...
Luego sentimos esa brisa tan majorera acariciar nuestro rostro, sonreímos, creemos que realmente dios nos la manda para refrescarnos en el día que nos espera, pero lo que después sufriremos es que esa brisa tan refrescante se ira completamente en el momento que mas sed tengas, justo cuando tu ayudante te pide que sostengas un objeto muy pesado, cuando mas hambre tengas y cuando el concepto sombra no exista. Encima, Paco ha encontrado algo muy divertido que le distrae en unos interminables y asfixiantes 2 minutos. Crees que tus músculos no soportaran tanta presión, una lágrima de dolor asoma a tus ojos y ves, borroso, a Paco acercarse a ti sonriente. Parece que de pronto se percata de tu rostro de absoluta descomposición y te socorre con alguna de esas frases estúpidas que solo te dan ganas de estamparte ese objeto pesado en un pie. Pero bueno, no adelantemos acontecimientos. Sigamos con la escena.
Después de ver a los fastidiosos y siempre gráciles pajarillos y de dejar que la brisa te acaricie las mejillas, avanzas pensando que es un gran día para hacer aquello que tenias pensado. Abres la puerta, coges una gorra y una botella de aguan que dejaste la noche anterior en el congelador para que estuviera demasiado fría, tanto, que solo se descongelará cuando el calor y la sed empiecen a nublar tu capacidad de raciocinio, mientras tanto la mirarás sudando y salivando frenéticamente (pero no iras a por una del tiempo).
Cuando ya posees las herramientas te diriges a la trasera de esa casa tan típica, tan arquitectónicamente majorera. La admiras embobado y sonríes con cara de pardillo creyendo que nadie te esta mirando, pero resulta que Paco se ha parado en seco a escasos 5 metros de ti porque te iba a preguntar algo y no quiere turbar ese momento de éxtasis. Se ve que se aguanta la risa y por unos milisegundos te sientes estúpido, aunque reaccionas con alguna frase ingeniosa que solo suena bien en tu cabeza. Después de este lapsus te diriges con Paco a donde se encuentra La Tabla.
Cuando doblas la esquina ves a Rodolfo, ese gato amarillo enorme que no te soporta y que en cambio tú crees que te es fiel, vamos, que te adora... Vas a acariciarle y te enredas con una de esas hiervas malsanas que crecen por todas partes. Caes, el felino usa su agilidad natural desesperadamente, pero demasiado tarde, le has engordado implacablemente y acabas salvando tu caída con un movimiento imposible que siempre termina con un pisotón en el maltrecho rabo de Rodolfo. Un maullido de odio y dolor rasga el ambiente y tu ahogas un grito de culpa mientras con las dos manos te tapas la boca. El gato desaparece y solo se te ocurre decir que aun es medio salvaje.
Después del susto te encuentras frente a ese tablón grueso de tea y resina compactada. Vas a hacer aquello que se te ocurrió en uno de tus sueños porque te pareció una gran idea, pero no sabes como empezar. Afortunadamente Paco controla y te da algunas sugerencias. Tú miras el tablón como si estuvieras sopesando su propuesta, pero realmente haces tiempo para que no se percate que no tienes ni idea de cómo empezar, así que terminas asintiendo y él te hace creer que no se ha dado cuenta de la maniobra.
- Aquí deberíamos poner tres tachas de media pulgada para poder colgarlo y luego un refuerzo de acero para que no cabeceen. Si no, no te aguantara.
- Tu crees, no se, quizás... no no, a lo mejor... Si si, creo que quizás tengas razón, vamos allá.
Has alardeado y te sientes mejor, pero esperas a que él haga el primer movimiento, que para algo le has traído (Para que haga el trabajo más molesto). Te dice que agarres el tablón por un extremo para que no se mueva y lo haces diligentemente. Te dice que agarres con fuerza, pero tú ya estas pensando en la inmortalidad de una garrapata siberiana. Siempre has creído que eres extrañamente fuerte, erróneamente por supuesto, y supones que ejerces muchas atmósferas de presión sobre una tabla en la que dejarás marcados tus dedos mientas tus venas se inyectan en sangre por un esfuerzo que solo existe en tu imaginación y en todas esas horas que te pasaste frente al espejo hinchando tu autoestima. Paco prepara la tacha sujetándola firmemente con una mano y arremete con precisión una y otra vez con ese martillo vigoroso. Suelta la mano que sujeta el clavo y se prepara para empezar a golpear en puro equilibrio. De pronto un mosquito te saca de tus pensamientos posándose en tu labio superior y soplas fuerte. Crees que no te has movido pero te vuelves a equivocar, solo unos centímetros hacen que el martillo de Paco no de en el centro sino que toque al clavo de lado, lo que hace que éste salga propulsado con una velocidad impensable para un clavo ordinario. Todo sucede muy rápido, pero ralenticemos la escena.
De las 360 posibles direcciones que podía haber tomado elige esa trayectoria en la que tú te encuentras. Pero tú estás distraído, aún absorto, pensando en por qué los mosquitos mas asquerosos siempre se posan cerca de la boca, ¿será afición?. El viento deja de soplar, las chispas y el humillo hacen que el clavo surja como de la nada. Nadie ve esto, pero hay que contar lo que el ojo humano no capta. Bueno, la trayectoria es perfecta. Recta como si estuviese caminando sobre una guía y se dirige hacia ti, pero... ¿Dónde impactará?. Mides casi un metro setenta y cinco y pesas unos 70kg. Eso es mucha superficie de impacto en puro músculo (o eso te gustaría), pero por enésima vez en el día de hoy te equivocas. No, no impactará en ningún músculo, ni hueso, ni cartílago, como si tuviese vida propia el clavo con mas mala leche de la que le corresponde a un objeto inerte se dirige a tu ojo. Pero no a cualquier parte del ojo, nooooo. El muy hijo de p... se entierra cuatro milímetros en... ¡tu pupila!.
-Ahhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Un grito, el tuyo, estalla en el aire. (Volvemos a tiempo real). Paco suelta horrorizado el martillo y se mira la camisa manchada por el chorro de sangre que tu ojo le acaba de escupir. Te retuerces de dolor mientras Paco permanece inmóvil. Te mareas y te dan nauseas, pero ya dejas de gritar en vista del éxito... Maldices esa mierda de día y al p... clavo de Satanás. Odias a Paco por ser un parado y te odias a ti mismo por ser tan estúpido. Empiezas a correr como si eso te aliviase pero te cansas aun más. La escena se sucede caótica y grotesca. Ya no gritas, pero sigues corriendo y Paco te sigue mirando inmóvil. ¿Estará en sock?. Pasan a si 5 largos minutos y demasiado exhausto para quejarte te decides a llamar a alguien para que te recoja porque Paco no tiene carnet de conducir. Esa persona llega cuanto estás a punto de desmayarte y vuelan de camino para el hospital, pero esa ya es otra historia...
Ah, Paco sigue inmóvil... Creo que se hará de noche y permanecerá aun con la mirada perdida un par de horas....